6.09.2026

Señoras

Ya no me gustan los conservadores, de esos que dicen que todas se quieren casar. Tampoco los pragmáticos que se ufanan de sobrevivir con una única taza despostillada, ni los serviciales que masajean los hombros de sus visitas como si el cuerpo ajeno fuera un mérito propio, ni los intelectuales que llevan al Quijote como credencial, ni los hinchas incapaces de perderse un partido aunque el mundo se esté cayendo.

Me gustan los gatos. Que no hablan ni obedecen ni te piden que seas algo.

Me gusta llenarme de canas, de lunares en las manos, de arrugas en la cara. Me gusta el cuerpo que acumula.

Me empieza a gustar que a nadie le gusten las señoras.

5.14.2026

Mocos

Resulta increíble la cantidad de mocos que un resfriado común puede llegar a generar.


Ahí estás, un miércoles cualquiera, a la mitad de la madrugada, convencido de que esto es el final. No un final dramático ni digno: un final a base de ojos llorosos y nariz tapada, que es, objetivamente, la muerte más patética registrada en la historia de la humanidad.

Esto se ha convertido en emergencia.
Papel.
Papel de baño, Kleenex, servilletas de cocina, el trapo de sacudir.

Histérico, corres descalzo al baño ignorando todos los tratados de las abuelas respecto al frío en los pies y su intrínseca relación con el cáncer de pulmón.

Tomas el rollo con la convicción de quien intenta sacarse el cerebro por la nariz.

Un elefante. Luego una manada. Estampida.

El vecindario está despierto, aterrorizado por las trompetas apocalípticas que acabas de resonar y, lo peor: te odia.
Los mocos no cesan.

La nariz sigue tapada. Para más INRI, ahora también los oídos.

No respiras, no escuchas, apestas a pomada de mentol y a derrota.

Cuarenta minutos después, por accidente, te recuestas del otro lado.

Se cancela el servicio crematorio.

5.17.2025

He decidido

 He decidido dejar los trastes sucios en el fregadero,

permitir que el sillón se cubra de pelos de gato,

que las hojas sigan arrinconadas en la cochera.


He decidido abrirle paso al caos,

dejar que la habitación se inunde,

que se desborde,

que todo pierda sentido un tiempo.


Desordenarme.

Caminar despeinada y rota por la vida.

Respirar en medio del colapso.


Lo que está a punto de romperse, que se rompa.

No voy a apurarme en juntar los pedazos.


He intentado controlarlo todo,

pero las tormentas igual llegan.

Me atrapan aunque levante diques,

aunque mida la lluvia,

aunque me prepare para lo inevitable.

Siempre termina empapándome.


Así que dejo todo como está.

Que las cosas sean.

Que se quiebren.

Que se mueran, si tienen que morir.

Que venga el huracán,

que arrase,

que se lleve lo que tenga que irse.


Yo, de todas formas, sobrevivo.